LA VECINA INTRUSA

Si te vas de vacaciones a una casa, donde las visitas son el pan de cada día, principalmente porque los dueños de la morada Bávara son los mejores anfitriones que te puedes echar a la cara, te pueden pasar mil y una historias. La anécdota que procedo a contarles está basada en hecho reales.

Dolorosamente reales… Y cuando dice lo de buenos anfitriones se refiere única y exclusivamente al padre tigre. Pero claro, está en mi casa y no se atreve a contrariarme por miedo a que le mande a dormir a la caseta de los ratones. Pues no soy yo nadie en mi casa…

Transcurría una tarde de diluvio considerable donde dos adultas y cinco churumbeles deambulaban por la capital de Munich, cual alma en pena después de un fantástico y agotador día, con una considerable falta de siestas, incluyendo a las madres.  Estábamos suministrando una dosis más de azúcar y colesterol, en modo merienda, cuando una llamada del Padre Tigre nos deja claro que nuestra sueño de cena en horario infantil y entrega desenfrenada a Morfeo  iba a sufrir un leve cambio a : CENAMOS LOS ADULTOS CON MI JEFE.

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