LA MADRE EXPATRIADA

Después de una conversación nocturna wassapera con mi boquerona del alma, he pensado que ya es hora de escribir este post. Y con permiso de las demás se lo quiero dedicar a ella, y decirle “que lejos se ve a veces, lo que no tan cerca está y que bien nos vendría tenerlo a nuestra verita”.

En este loco mundo de la maternidad, y en concreto en el bloguero, hay mucha madre expatriada y no me refiero a las de país, como mi desmadrosa querida, la tigresa o la archiconocida teutona, que su merito lo tienen más que ganado. Me refiero a las que estamos expatriadas en territorio ibérico, y que quieren que les diga, también tiene su parte durilla. No son grandes distancias, pero la suficiente para hacerte sentir esa soledad o desprotección, que la maternidad y sus consecuencias acarrean.

Monillo despidiendo al aitona

Esos embarazos retrasmitidos por Facebook, wassap, SMS y Skype ( y menos mal que los tenemos!!). Esos nietos virtualizados a la fuerza, para que conozcan a esos abuelos que no están lejos, pero con los que no pueden jugar en el parque cada tarde, ni ir al zoo los domingos, con los que no pueden quedarse cuando están enfermos o cuando sus padres quieren escaparse ;-).

Ser madre expatriada en el mismo país es duro, te pasas los días mirando el calendario y sacando fines de semana de tres días por debajo de la manga, vives en la web de Vueling haciendo más números que un contable, o en Renfe, que lo mismo da. Piensas en todas las posibles celebraciones a las que no quieres faltar…en definitiva, vives aquí pensado todo lo que te falta de allí.

La menda y su maletero, locos por llegar a su destino

Los dos primero años de vida de un bebe son duros, y sin tus padres cerca, más todavía. Esta sensación se multiplica más, cuando tus conversaciones semanales se limitan a los tropecientos virus de tu hijo, tu no conciliación laboral, tu desesperación por la situación, sin darte cuenta que en la otra parte, quien te oye, es tu madre o tu padre, y sufre esos 600km a  la misma potencia que tú.  Pero luego viene el factor emoción, que son las visitas. Como nos gusta ir o que vengan ellos, ver como nuestros hijos disfrutan de esos momentos, de nuestras ciudades, pueblos o calles. Poder compartir tu maternidad con los tuyos y descansar. Porque señores, suegras cojonudas haberlas hay las, pero madre sólo hay una y que quieren que les diga es más fácil decirle eso de: “te quedas con el niño que quiero: depilarme, tomar un café, salir, pasear, dormir… lo que quieras”. Lo malo es que luego llega la partida y con él ese momento tuppers varios, regalos mil para tu retoño, abrazos y achuchones extremos también para tu retoño y esa mirada de compasión y cariño hacia ti (su retoño), deseando que tu complicada vida de madre, ausente de su presencia, no te sobrepase y ese deseo que regreses  lo antes posible. Y tú, como buena hija, aguantas estoica el momento sin soltar  lágrima, te montas en el coche y vuelves a sacar tu agenda con calendario y tu smartphone para empezar a cuadrar tu siguiente visita, porque esa será la llama que te mantendrá viva hasta ese día.

Peineta-pintxos y monillo son felices en la ciudad donde viven, pero lo serían más si pudieran tele-transportarse a sus destinos favoritos cada  vez que su alma y cuerpo lo necesitan. Esto va por todos vosotros (familia y amigos), que estáis lejos pero que hacéis que os sintamos cerca y que ir a veros sea una de nuestras mayores ilusiones.

Mientras escribo esto, lloro pensando en las veces que he necesitado a mis padres y no los he tenido cerca pero y ¿ellos?, como sufrirán ellos nuestra ausencia. Me seco las lágrimas y sigo con mi calendario en mano, tengo que ver la manera de llevar a Monillo a peinetaland, mi abuela sigue con su llama encendida y espera que su nieta y bisnieto vayan para darle más mecha.

Mi abrazo más sentido para todas esas madres que viven una maternidad expatriada, en gran o pequeña escala. Porque sufrimos por no poder compartir nuestros virus, mocos, primeros pasos, actuaciones escolares, en definitiva el apoyo y el calor de los nuestros.

PD: He aquí una de las razones por las que muchas tenemos blog, porque en algún sitio tenemos que contarlo, compartirlo y sobre todo apoyarnos.