Un pueblo, un Tesoro

Yo durante años no he tenido pueblo, lo tengo desde hace casi  un año y no saben lo suertuda que soy. A ver que el pueblo ha existido de siempre, pero lo que es adoptarlo como pueblo lo he hecho recientemente. Es otra de las consecuencias que me ha aportado la maternidad, tuve un hijo y de repente también un pueblo, pero la cosa fue progresiva, en realidad es este verano el que me ha dejado ver claramente que yo también tengo pueblo, se llama Madridtxikito. A mí su gente me adoptó cuando tenía tres años y ahora lo han hecho con mi hijo.

Sigue leyendo

Anuncios

EL DÍA QUE NACÍ YO

La menda versión mini

Que planeta reinaría… Me llamo Nerea, ni pintxos ni peineta, y nací un 28 de septiembre de 1978, a la hora de comer (yo no me pierdo un ágape ni loca!!), soy vitoriana de nacimiento, giputxi de adopción, con sangre andaluza y ciudadana del mundo. Este viernes cumplo 34 añazos (esos de las primaveras era hasta los 30), o eso creo, sí, digo eso creo porque decidí dejar de contar a partir de los treinta, tonterías de féminas. Que no los cuente no significa que no los celebre. Llevo días intentando escribir este post, pero entre las hormonas mensuales y los gestos de cariño recibidos estos días en el blog me lo habéis puesto difícil.

Cuando deje de cumplir primaveras…

Para la menda el día de su cumpleaños es un día especial, lo ha sido siempre y así lo recuerdo desde la infancia. Me acuerdo la ilusión que me hacia que me llamara toda mi familia peinetera para felicitarme, incluso mi abuela, me solía mandar paquetes desde peinetaland, con esos atadillos que hacía mi abuelo con cuerda, donde había algún traje o vestido mono confeccionado por ella y por supuesto mi ración de salchicha blanca y queso de cerdo, que gran regalo el vestir y el comer “pa mi vasquilla”. El año que me mando el vestido de gitana casi muerooooooooo, el aitona tuvo que hacer sesión fotográfica matinal.La familia pintxos siempre era cumplidora no había año que no tuviera regalo o paga, entre otras porque mi cumple coincide con las fiestas de Madri-Txikito y claro todos venían.

Pero hoy le quiero dar las gracias a mi madre, esa con la que me peleo tanto  y tan mal sabor de boca se le queda siempre cuando discutimos, que suele ser cada dos por tres. Ella en mi cumpleaños siempre es mi duende, mi hada madrina oculta, me llama cada año a la hora justa en la que nací, yo todavía le noto la voz emocionada ( y lo entiendo los puntos siguen doliendo con los años y una se acuerda del paritorio, estoy segura), cada año se escusa por no haberme comprado algo a tiempo, o porque lo que me ha comprado esta segura que no me va a gustar…Pero ella no sabe lo que a mi me emociona, es saber que mi madre sabe más que nadie lo que a mi me chifla un regalo en mi cumple, y porque durante años, ese día ha cocinado siempre algo que me gustaba. Porque sin darme cuenta, le he privado estos último años de poder compartir conmigo ese día (la distancia  y juventud malas combinaciones), y lo descubrí cuando cumplí los 28. Ese año regresé al pueblo por fiesta  y pa mi cumple, cual hija pródiga, y organicé una cena con mis amigas de la ikastola, todavía veo la emoción de mi madre cuando apareció con aquel exquisito pastel lleno de velas y mis amigas entonaban el Zorionak. Desde entonces, no hay año que falle, si las circunstancias lo permiten. No creáis que el aitona pasa, todo lo contrario, es el detallista numero uno, no tengo pendientes, colgantes o pulseras mas bonitos que los que él me ha ido regalando, tiene un gusto exquisito.

Combinación perfecta buzkentza + un buen rioja

En lo que  regalos se refiere, soy fácil de contentar, aunque el gorila ahora mismo gritaría, pobre lo vuelvo loco y siempre me hago la descontenta ;-). Pero a la menda le chiflan los complementos y abalorios, así que, a pesar de estar en ese punto de poder poner un puesto de mercadillo de tanto zapato, bolso, foulard, collares y pendientes, me siguen encantando recibirlos y lucirlos. Eso sí, este año tengo mi regalo estrella, que se va a quedar en eso, en estrellita en  el cielo de mi pensamiento, un ifone blanco 4S, eso quiere la nena, pero no están las economías para eso.

Cara de emoción por un bolso más en mi vida

El único ritual que no me salto a la torera ningún año, es el de soplar velas, mira caprichos que tiene una, no lo perdono y además para mí es señal de alegría, de celebración de que un año más sigo aquí y lo cuento, no como mucha gente que antes lo celebraba conmigo y que ya no están. Cumplir años es señal de vida señores!!! Bueno eso, que soplo siempre, el mejor soplido por ahora el del año pasado con mi monillo, que entendió el momento y lo disfrutó conmigo. El más  raro, el año que me quede colgada y que por cumplir con el ritual me planté en casa de mi suegra, ante la atenta mirada de mi familia política, me planté las velas, las soplé y me auto jaleé, todavía lo recuerdan… (Sosos, ahora entiendo que el gorila pase kilo y cuarto de celebrar nada…).

Desde hace unos años muero por tener una fiesta sorpresa, de esas que he organizado yo, en plan bestia con gente de fuera, regalos especiales y muchas lágrimas, pero por alguna razón que desconozco no te las suelen hacer hasta los 40 mínimo, pero yo creo que los 35 es una cifra ideal 😉

Pintxo en modo carretilla-carroza

Mientras sigo esperando, he tenido pequeños aperitivos ideales, a los 30 recibí una mini-cena sorpresa, con una fiesta posterior en petit comité, que no hay momento que no recuerde a pesar del estado etílico, lo compartí con algunas de  esas maravillosas personas que me ha dado BCN. El año pasado también tuve sorpresa por parte de mi club de luna llena, de Madri-Txikito, con invitado intruso incluido, risas, lloros, fotos inmostrables, y de regalo un marco, con una foto de un día cualquiera de esos, que disfrutamos como nadie. Este año repito destino, sí señores, voy a ese pequeño gran pueblo donde se celebran los Sanmigueles, donde solo hay un bar y un kiosko con música no muy moderna, pero donde mis 34 otoños, van a ser festejado con cariño, amor y amistad de la buena. Donde ceno con buen vino, como las mejores “buzkentzas” ( dícese de morcilla especial de puerro y oveja,cocida y regada con tomate casero), donde me pasean en carretilla-carroza, mientras la orquesta me dedica una canción.

Donde la abuela ha decidido consultar al monillo de que quiere el pastel, si a él, porque el cumpleaños es mio, pero el protagonista ya es mi hijo, y yo, pues encantada de compartir plano con él. ZORIONAK NESKA!