Mi ventana particular

Me ha llegado una notificación de mi procesador de blog para avisarme que se acerca el aniversario de mi blog, sí señores mañana mi loca casa cumple dos años, ni más ni menos. Antes que nada si esperas el sorteo de algo maravilloso, o el regalo de tu vida, no sigas leyendo este post, porque la raruna de su propietaria este año no está por la labor, por eso de romper moldes.

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EL HOSPITAL, una cárcel con visitas restringidas

Hoy vengo a hacer terapia de embarazada, pero terapia de la dura, es decir como mi blog es mío escribo lo que quiero, eso sí sois libres de seguir o plantaros aquí. Me supongo que pasar cierto tiempo con la familia propia y la política hace estragos, es mi caso esta semana de pascua.
Vengo dispuesta a desgranar el tema hospital-parto visitas desde lo más hondo de mis entrañas, porque saben que parir es algo muy íntimo y personal como para tener que sufrir corsés y estereotipos implantados por esta nuestra sociedad española.

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Tener princesas, a veces sale caro

Fui madre hace 4 años porque lo quise, lo pedí, lo busque con ahínco y pasión un mes de Marzo. Lo viví como una diosa, una venus flipada con un balón de futbol perfecto en su vientre. Comí, baile, nadé, disfrute y sufrí un parto de narices, después de eso me convertí en lo que el diccionario denomina como MADRE, especifico, madre a secas, sin más (ya algunas entendéis). Me supongo que estos serían argumentos suficientes para plantearme volver a pasar por el maravilloso trance. Pues no se crean, debo de tener un subconsciente de lo más sensato porque cuatro años ha tardado en dar luz verde y así en confianza les diré que la luz era ámbar, esa de sí pero no pero con cuidado…Pero siempre hay un espermatozoide listo que se cuela y se salta el semáforo.

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